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04 August 2011 @ 08:43 pm
Multifandom fic, "Mal de Muchos"  
Título: Mal de Muchos
Fandoms: House, Psych, Chuck, Supernatural, White Collar, NCIS, Hawaii Five-0, Leverage
Parejas: Técnicamente ninguna
Rating: PG
Spoilers: Muy recomendable llevar todas esas series al día, hay spoilers de casi todas.
Número de Palabras: ~5300
Resumen: James organiza una reunión.



Castiel se apareció delante de la puerta de entrada del apartamento de Nueva Jersey, exactamente en la dirección y en la hora que le había indicado Bobby. Lo cierto es que no sabía muy bien qué estaba haciendo ahí cuando realmente tenía cosas mucho más importantes que hacer –ahora era el nuevo Dios, no debería estar perdiendo el tiempo con esta clase de historias-, pero Bobby había insistido en que fuera, asegurándole que le vendría bien. Supuso que si se había tomado la molestia de ir hasta ahí, era que a pesar de todo todavía no había perdido esa parte de él que quería seguir haciendo caso de lo que dijeran sus amigos; o vaya, los que una vez había creído que habían sido sus amigos.

Sin más dilación picó al timbre y sólo tuvo que esperar unos segundos hasta que se abrió la puerta. Le recibió un hombre unos diez años mayor que Dean, con el pelo castaño y grandes y expresivos ojos marrones.

-¡Bienvenido! – le saludó, calurosamente – Tú debes de ser Castiel, ¿verdad? Te estábamos esperando. Yo soy James, encantado de conocerte.

El hombre le alargó la mano, sonriéndole afablemente. Castiel se la quedó mirando unos segundos y viendo que no la retiraba alargó las suyas para estrechársela entre ellas.

James se apartó de la puerta y con un gesto le indicó que pasara. Castiel le siguió hasta el centro del salón, donde había dispuesto un círculo formado por ocho sillas, la mayoría de las cuales estaban ya ocupadas. El ángel escogió sentarse en una de las dos sillas que todavía estaban vacías, entre un chico menudo de llamativos ojos azules y un hombre corpulento que no paraba de lanzarle miradas furtivas cargadas de desconfianza, como si se conocieran de antes. El chico le sonrió y le musitó un “hola”. Castiel paseó la mirada por la estancia, deteniéndose en cada uno de los hombres que le acompañaban, tratando de imaginar el motivo por el que habían ido allí esa noche. Cuando Bobby intentó convencerle de que él también tenía que ir, la razón principal que había esgrimido es que Castiel necesitaba conocer a otras personas que fueran como él. No había elaborado mucho más, así que no estaba muy seguro de a qué se refería; lo descubriría muy pronto, por eso.

James tomó asiento en la silla que quedaba sin ocupar y les dio la bienvenida a todos los presentes.

-Bien, veo que ya estamos todos. Para empezar, dejadme que os de las gracias por venir, sé que algunos venís de muy lejos – se frotó las manos -. Cómo ya sabréis, el motivo por el que he organizado esta reunión es para que, además de ponernos caras unos a otros, charlemos un poco de lo que todos tenemos en común. Veo que algunos de vosotros estáis un poco nerviosos, pero no os preocupéis. Estamos entre amigos y lo que se hable aquí no saldrá de aquí, ¿verdad?

Todos asintieron. Muy probablemente si no fuera así la mayoría ni siquiera se habría molestado en acudir.

-Bueno, pues aclarado esto, podemos dar por empezada nuestra primera reunión oficial. ¿Hay algún voluntario que quiera romper el hielo? Animaos, va – James los miró de uno a uno, esperando que alguno quisiera ser el primero en hablar. Castiel observó la duda en los rostros de muchos de ellos. Finalmente uno de los asistentes carraspeó y alzó la mano para hacerse notar. Estaba sentado a la izquierda de James, era de complexión delgada, con brazos y piernas muy largos, cabello oscuro y ojos claros, con un porte algo estirado.

-Yo mismo – dijo, algo nervioso.

-Gracias, Carlton – le animó James, poniéndole una mano en el hombro en señal de apoyo. El hombre llamado Carlton se tomó un breve instante más para reunir el valor necesario y entonces empezó a compartir su experiencia.

-Hará un poco más de cinco años que conocí a la persona más molesta y exasperante que os podáis imaginar. Me ponía, y me sigue poniendo, de los nervios. Es pura energía: no para quieto ni un segundo y siempre se las apaña para decir algo que acabaría con la paciencia de un santo – se oyeron un par de risitas comprensivas. Carlton no era el único que conocía a alguien así, al parecer -. Veréis, yo soy el detective jefe de la comisaría de policía de Santa Bárbara, y me tomo muy en serio mi trabajo. Demasiado, seguramente – más sonrisas cómplices -. Él es vidente. Bueno, eso es lo que lleva diciendo desde que le conozco, evidentemente no lo es.

Lo dijo como si estuviera convencido de que era totalmente imposible que los videntes existieran. A Castiel le entraron ganas de decir que sí que había videntes de verdad –él había dejado ciega a una hacía unos años-, pero se quedó callado. Sus razones tendría para estar seguro de que esa persona no tenía el don de la videncia y él no era nadie para discutírselas.

-Como os podréis imaginar, su manera de trabajar es totalmente opuesta a la mía, por decirlo suavemente, yo soy de esas personas que sigue las reglas a rajatabla y me pone nervioso que alguien se las salte, mientras que él es todo lo contrario, cuanto más excéntrico, mejor. Al principio estaba obsesionado con demostrar que era un fraude y con mandarle derechito a prisión por burlarse de todo lo que es tan importante para mí. De hecho, la razón por la que nos conocimos, es porque le consideré sospechoso de unos robos que estaba investigando y su actitud durante el interrogatorio no ayudó en nada en probar su inocencia – Carlton suspiró, como si sintiera mucha nostalgia por esos tiempos.

-Pero luego cambiaste de opinión – intervino el hombre corpulento sentado entre él y Carlton. Éste asintió.

-Siempre nos estamos peleando, pero… un día me dí cuenta de que me gustaba mucho más ir a trabajar sabiendo que él estaría por ahí dando la lata. Y a regañadientes, pero tuve que admitir que su forma de trabajar, por muy dudosa que sea, es fantástica, porque consigue grandes resultados. Es curioso, ¿no? Las primeras semanas no quería otra cosa que el que desapareciera de mi vista y volver a mi rutina de siempre con la que tan cómodo me sentía. Ahora… no dejo de preguntarme cómo era capaz de desear algo así cuando mi vida era totalmente gris y aburrida antes de que él entrara en ella.

-¿Y cómo están las cosas ahora? – preguntó el chico de los bonitos ojos azules.

-Está saliendo con mi compañera, y todo parece indicar que van en serio. Llevaban años tonteando y al final han dado el paso, como todos, incluido yo, esperaban que hicieran.

-Lo siento – murmuró el chico -. Tiene que ser doloroso, y más si al trabajar juntos te toca verlos cada día.

-Sí – admitió Carlton -. Pero de todas maneras nunca tuve demasiadas esperanzas de que él también pudiera sentir algo por mí, sabía que era cuestión de tiempo que esos dos acabaran juntos.

Oh. De manera que se trataba de eso. Empezaba a entender porqué Bobby le había animado tanto a venir a esta reunión.

-¿Tu historia es parecida? – preguntó Carlton al chico.

-No exactamente – éste suspiró y entrelazó las manos sobre una de sus rodillas.

-¿Quieres hablarnos tú ahora, Neal? – terció James. El hombre fornido a la derecha de Castiel dejó escapar un gruñido que sonó a incredulidad.

-¿Neal? ¿Ahora te llamas Neal? – dijo desdeñosamente. Todos le miraron sorprendidos al presenciar una actitud tan hostil tan repentinamente.

-Oye, ¿tienes algún problema conmigo? – se enfrentó a él el chico – No has parado de mirarme raro desde que he llegado y que yo sepa no te he hecho nada.

-Venga, va, Larkin, que ya nos conocemos, no te hagas el idiota conmigo. Empiezo a pensar que tienes más vidas que un gato.

Neal le miró confuso.

-Mira, no sé quién es ese Larkin pero te equivocas de persona. Me llamo Neal Caffrey y en cualquier momento puedes llamar al FBI y ellos gustosamente te informarán de dónde pasé los cuatro años anteriores a empezar a colaborar con ellos – se señaló la tobillera para que no quedara ninguna duda.

-¿En serio me estás diciendo que no eres Bryce Larkin? Supongo que no querrás quitarte la camisa y enseñarme si tienes una cicatriz de balazo en el pecho, ¿no?

James se removió en su asiento, incómodo.

-John…

-¿Qué pasa, que ese Bryce se hizo el muerto para librarse de ti, o algo? Porque si es así no le culpo en absoluto – replicó Neal a la defensiva.

John se lo quedó mirando fijamente, perplejo. Cuando logró recuperar la compostura pareció estar mucho más sereno que antes, afortunadamente.

-No, perdona – se disculpó, hundiéndose en la silla. El alivio entre el resto de asistentes era palpable -. Larkin fue un grano en el culo durante un tiempo, pero en el fondo era un buen tipo. Y te juro que os parecéis tanto que da hasta miedo, un día te enseñaré una foto para que veas que es verdad. Pero en fin, Larkin no es mi problema ni nunca lo ha sido. Mi problema… Mi problema es que me enamoré de un friki – rió amargamente -. No puedo dar muchos detalles, pero trabajo para el gobierno y hará unos cuatro años me asignaron la misión de protegerlo. Proteger a un friki patoso, imprudente y… adorable. Me enamoré de él. Me enamoré de él después de jurarme a mí mismo que jamás volvería a dejar que mis sentimientos interfirieran en mi trabajo.

-Si estás aquí deduzco que la cosa no fue muy bien – comentó Neal, mucho más receptivo ya a lo que estaba diciendo John.

-Deduces bien. Al principio nuestro equipo estaba formado por tres personas. Él, yo, y otra persona encargada de protegerle, una hermosísima mujer que es la mejor compañera que he tenido nunca. Hasta un ciego podía ver lo que había entre ellos. Se casaron hace unos meses. Me alegro por él, de verdad, me alegro mucho por los dos porque es difícil hoy en día ver a dos personas quererse como lo hacen ellos y se merecen ser felices juntos, pero…

No terminó la frase. A Castiel ese sentimiento no le era ajeno del todo.

-Si te sirve de consuelo, el mío también está casado – afirmó Neal, comprensivo -. En realidad ya lo estaba cuando le conocí. Él fue quien me metió en la cárcel, y ahora trabajamos juntos. Formamos un gran equipo, ¿sabéis? – esbozó una sonrisa triste -. He intentado convencerme a mí mismo muchas veces que sólo es un amigo, nada más, pero no funciona. Al final siempre acabo por pensar que una vez tuve la opción de irme con el amor de mi vida y vivir junto a ella el resto de mis días y que en el momento en el que ví la cara de él toda mi convicción se vino abajo. Ahora ella está muerta y yo me siento culpable de ello cada día, pero aún así tengo la absoluta certeza de que si pudiera volver atrás en el tiempo seguiría escogiendo a Peter. Siempre tiendo a ponerle a él por encima de todo lo demás porque como su esposa me dijo un día, él es lo mejor que me ha pasado nunca.

A Neal se le nubló la vista y todos le miraron con idénticas expresiones de solidaridad.

-Si desde que le conoces ya ha estado casado, en tu caso tiene que haber sido todavía más difícil que en el nuestro – dijo Carlton -. Porque ni siquiera te has permitido a ti mismo tener esperanzas.

-Bueno, depende que cómo se mire eso es lo mejor – contestó Neal -. De esta manera siempre he sabido a qué atenerme. Simplemente el hecho de que sea inalcanzable no me hace quererle menos, sino todo lo contrario, supongo.

-Macho, si alguno de nosotros aquí presentes tiene posibilidades de hacer que su hombre cambie de acera, ése eres tú – habló un hombre de pelo largo y castaño con pinta de haber recibido, y también dado, multitud de golpes a lo largo de los años. A Castiel la voz áspera y rugosa, con un punto de agresividad, le recordó a Dean.

-¿Cómo dices? – preguntó Neal.

-No empecemos a hacernos los modestos. ¿Te has mirado en el espejo últimamente?

Neal se ruborizó ligeramente.

-Eso… eso no tiene nada que ver – dijo, algo molesto por el cumplido -. Además, ¿por qué dices que de entre nosotros sería yo? ¿Qué me dices de él?

Neal señaló con la barbilla a otro de los asistentes, uno de los que todavía no había abierto la boca. Se trataba de un hombre con el pelo corto castaño ribeteado de cabellos grises, con músculos definidos y tatuajes en los brazos. Más de uno de los presentes le lanzó una mirada aprobatoria. El susodicho frunció el entrecejo, como si no entendiera que estuvieran dirigiéndose a él en esos términos.

-Pues sí, también. ¿Qué nos dices de ti, eh? Steve, ¿verdad? – apremió el del pelo largo.

-Sí – contestó el tal Steve. Toda la atención de la sala se centró en él, obviamente todos deseando saber cómo un hombre con ese aspecto lo tenía difícil para conseguir el afecto de su persona especial.

Steve, que hasta ahora estaba sentado con los brazos cruzados y sus largas piernas estiradas, se enderezó en la silla, con las palmas de las manos descansando sobre sus muslos, preparado para hablar.

-Es curioso –empezó-. Si hubiéramos convocado esta reunión hace unos meses lo más probable es que yo no hubiera asistido, porque estaba realmente convencido de que él sentía lo mismo que yo, y claramente la intención de este encuentro es precisamente compartir el que no sea así – rió sin alegría -. No sé si a alguno de vosotros os pasó lo que a mí al conocer al vuestro. Que pensasteis: es él. Es mi alma gemela. Ya puedo parar de buscar porque por fin le he encontrado.

-Yo lo pienso a veces – confesó James -. Otras, me digo a mí mismo que en qué diablos estaría pensando para considerar una cosa así.

Se oyeron algunas risas cómplices.

-Sí, no te creas, a mí a veces también me pasa lo mismo – prosiguió Steve -. Antes decía Carlton que encontraba a su chico exasperante y que siempre se están peleando, bueno, pues con mi Danny también es así. Nos pasamos el día discutiendo por cualquier tontería, y también flirteamos un montón. Es una fase genial, ¿verdad? Me encanta. Además discutimos de una manera que mucha gente nos dice que parece que estemos casados.

-Otra cosa que tenemos en común – volvió a decir James. Steve le sonrió.

-Pues no van tan desencaminados en nuestro caso. O vaya, es lo que pensaba antes – hizo una mueca -. Todo estaba fluyendo con tanta naturalidad entre nosotros que pensé que simplemente un día ambos nos daríamos cuenta de que había llegado el momento de dar el siguiente paso y entonces pasaríamos a estar juntos. No sé si es que pequé de ingenuo, o esto no hace más que demostrar lo horriblemente mal que se me dan las relaciones amorosas.

Steve exhaló antes de continuar.

-Pero me da la sensación de que cualquiera de vosotros hubiera pensado lo mismo que yo si hubierais estado en mi situación. Os explicaré lo que pasó un día: resulta que invité a Danny a irse de escalada conmigo, porque tenía muchas ganas de enseñarle algo que es muy importante para mí y que no suelo compartir con muchas personas. Todo estaba yendo estupendamente hasta que nos encontramos un cadáver en las rocas. Después de eso una piedra enorme me golpeó en la cara, me caí de una altura considerable y me rompí el brazo izquierdo. No fue precisamente la cita ideal, la verdad. Por suerte Danny pudo ir a pedir auxilio y luego me ayudó a subir por las rocas. Pobre, se debió llevar un gran susto. Cuando ya se me llevaban en helicóptero le agradecí lo que había hecho por mí y él… me dibujó un corazón en el aire como respuesta.

-Vaya – musitó el chico rubio y delgado sentado entre Neal y Steve, claramente impresionado.

-Sí, y cuando fuimos a celebrar que habíamos resuelto el caso, porque por supuesto el cadáver que nos encontramos no había muerto precisamente de forma accidental, Danny se puso furioso cuando una atractiva camarera intentó escribir su número de teléfono en mi escayola.

-Por lo que cuentas, no parece que haya mucha duda de que ese tal Danny está loco por ti. ¿Has venido a restregárnoslo por nuestras caras o qué? – le acusó John.

Steve dejó escapar una risita.

-Nada más lejos de la realidad, John. Ya os he dicho que cualquiera hubiera pensado que el sentimiento era mutuo teniendo en cuenta esas señales. Un tiempo después de eso, fue el turno de Danny de estar a punto de no contarlo, los riesgos de nuestro trabajo, que os voy a contar que no sepáis. En el hospital, cuando por fin recobró la consciencia y pude entrar a verle tuvimos un… un momento, no sé muy bien cómo describirlo, sé que nos miramos el uno al otro de una manera que me hizo preguntarme si no habría llegado ya la hora de dar ese paso adelante. De hecho, si su hija no hubiera estado con nosotros entonces, muy posiblemente me hubiera declarado allí mismo.

-¿Y por qué no lo hiciste más tarde? – preguntó Neal – Si tú lo tenías claro y él estaba en la misma onda, ¿qué te detuvo?

-Volvió con su ex mujer – Steve se encogió de hombros, en gesto de resignación -. Imaginaos la cara que se me quedó cuando volví al hospital, ya totalmente decidido a confesarle lo que sentía en el primer instante en el que estuviéramos solos, y me encontré a su ex mujer durmiendo acurrucada en su pecho.

-Qué injusto, macho – se quejó el hombre del pelo largo -. Nos desvivimos por ellos, por protegerlos, y ellos acaban siempre liándose con otras – su tono se tornó amargo.

-¿A ti te pasó lo mismo que a Steve, Eliot? – preguntó James. Eliot sacudió la cabeza.

-No, qué va. Si Nate me hubiera lanzado las señales que lanzó ese Danny, para luego hacer eso, él ya me habría oído. No puedo decir que él me haya dado esperanzas reales, desgraciadamente, porque no ha sido así, pero lo que más me duele de que se haya liado con Sophie es que intenten fingir delante nuestro que no pasa nada, que se piensen que disimulan tan bien que no vamos a darnos cuenta. Eso es lo que más me duele, que después de todo lo que hemos pasado juntos me trate como si fuera idiota. Pensaba que me respetaba lo suficiente como para merecerme un trato un poco mejor por su parte.

-No se nos merecen – alegó Carlton. De alguna manera Castiel estaba de acuerdo con esa afirmación.

-Tú lo has dicho, hermano – estuvo de acuerdo Eliot. Después se dirigió a James -. ¿Y tú qué, jefe? ¿No piensas compartir tu historia?

-¿Yo? Bueno, en mi caso seguramente la culpa haya sido mía y no suya porque he vivido en negación durante años. Quiero decir, prácticamente todas mis relaciones han fracasado porque siempre le he dado preferencia a él, al mejor amigo que ha hecho todo lo posible por impedir que mis matrimonios funcionaran, y la única vez que he sido verdaderamente feliz con una persona, fue con una mujer que tenía la misma personalidad que él. Da que pensar, ¿eh?

-¿Y cómo no te dabas cuenta? – preguntó Eliot.

-Realmente, porque nunca ha sido fácil para mí aceptar la idea de que pudiera estar enamorado de otro hombre. Además… muchos de vosotros os habéis quejado de cómo son los vuestros, pero si conocierais a House os aseguro que los veríais de otra forma completamente distinta.

-¿Quieres decir? – Carlton se mostró escéptico.

-Totalmente. Con deciros que lo último que hizo fue estampar su coche contra la casa de su ex novia (y jefa nuestra)…

-Madre mía – dijo el chico rubio.

-Por eso aún hoy lo sigo negando la mayor parte del tiempo, porque aún en el caso de que él me correspondiera nada nos asegura que nuestra relación funcionara. También es verdad que la posibilidad de tener una relación satisfactoria con alguien que no sea el otro es bastante remota, a no ser que nos busquemos a nuestro clon en mujer…

-Pero aún así siempre será como si os faltara algo – dijo Steve -. Y da igual cómo sea la otra persona, nunca vas a tener la certeza al 100% de que una relación vaya a funcionar. Hay demasiadas circunstancias que influyen.

-Sí, probablemente tengas razón. ¿Sabéis? Cuando organicé esta reunión venía dispuesto a deciros que no fuerais tan idiotas como yo, que no intentarais negar lo que sentís porque quizás cuando lo asumierais ya sería demasiado tarde, pero estoy viendo que en la mayoría de vuestros casos tampoco es que podáis hacer mucho más.

-Bueno, al menos nos estamos desahogando un poco que también va bien – dijo Neal. Los demás se mostraron de acuerdo. James sonrió.

-Bien dicho – miró al chico rubio, el único que quedaba además de Castiel por hablar -. Tim, ¿por qué no nos hablas de ti?

-No hay mucho que contar – contestó el chico, aclarándose la garganta -. En mi caso hará un poco menos de ocho años que le conozco. Desde entonces no ha parado de meterse conmigo y ponerme todos los motes inimaginables. Le encanta verme perder los nervios, según parece. Lo que decíais antes de que son insufribles, ¿no? El mío también lo es.

-Pero después tienen otro lado que no lo es, o entonces no nos gustarían – señaló Carlton.

-Sí, tienes razón. Lo que más me gusta de Tony es que bajo su apariencia pasota y desentendida siempre se preocupa mucho por los demás, y conmigo no es la excepción. Siempre sabe cuándo lo necesito, sin que yo tenga que decirle nada. Y siempre ha estado ahí para mí. Siempre. También me encanta y exaspera a partes iguales el que nunca sepas por dónde te va a salir. Es uno entre un millón, yo creo. Bueno, supongo que todos pensaréis eso de los vuestros.

-Desde luego – afirmó John.

-Ahora estaba pensando en lo de las señales que decía antes Steve. Tony lo hace a veces, también. Me acuerdo de una vez que le salvé de caerse y su respuesta fue decirme “te quiero”. Otra, se pasó todo un fin de semana chateando conmigo haciéndose pasar por mi chica ideal hasta que le admití que me había enamorado. Y ya no fue sólo el hecho de dedicar todo el fin de semana a eso, es que sabía exactamente qué cosas decir para conseguir meterme en el bote en un momento, así de bien me conoce – sonrió tímidamente -. Otra vez, un psiquiatra con el que teníamos que hablar por una investigación nos confundió con una pareja, y Tony no hizo nada por sacarle de su error; todo lo contrario, más bien. Pero claro, Tony es muy de la broma y la mayoría de veces no va en serio para nada. Por eso no creo que él sienta algo por mí, pero sí que es cierto que de vez en cuando surgen esos momentos de, “¿y asi así fuera? Ahora mismo de verdad que lo parece.”

-Pues sí, por lo que cuentas, en tu caso ciertamente lo parece. ¿Hay alguna razón por la que tú no puedas seguir mi consejo? – quiso saber James -. Ocho años son muchos años.

-Sí lo son. Pero es complicado. Mi jefe se toma muy en serio que no haya relaciones entre sus empleados. Y Tony tiene un tira y afloja con nuestra compañera Ziva, tienen esa relación en la que cualquiera puede ver que se gustan pero ninguno de los dos hace mucho por tirar adelante, supongo que por miedo a estropear una dinámica que funciona tan bien. Por no decir que mi ex también trabaja con nosotros, lo cual lo complica todo todavía más.

-Nadie dijo que fuera fácil – arguyó Neal.

-Ya. Pero supongo que hasta que Tony y Ziva no aclaren lo que hay entre ellos, yo no haré nada. No me gustaría meterme en medio y acabar con el corazón roto.

-Por no decir que lo de las señales no tiene porqué significar nada – añadió Carlton -. Shawn, por ejemplo, al principio no paraba de tocarme a todas horas para llamar mi atención. Y no hablo de cogerme del hombro o cosas así. Hablo de cogerme la cara, las manos, incluso las piernas. Una vez hasta llegó a sentarse en mi regazo. Y mira cómo ha acabado todo.

-Chuck me besó una vez – dijo John, sonriendo -. Me habían envenenado y según él lo hizo para proporcionarme el antídoto. No me hubiera importado para nada si sólo hubiera sido una excusa para besarme, pero conociendo como conozco a Chuck, sé que el chico realmente creía que así estaba salvándome la vida. Una pena que no pudiéramos repetir.

Nadie añadió más durante unos instantes y Castiel se dio cuenta de que cómo paulatinamente siete pares de ojos se fueron posando en él, expectantes. Ya sólo quedaba él.

-Castiel – se dirigió a él James con suavidad -. Has estado muy callado durante toda la reunión. ¿No te gustaría compartir algo con nosotros? Ya sabes que hemos venido para apoyarnos los unos a los otros.

No podía negar que era justo que Castiel también hablara de lo que se guardaba dentro después de cómo se habían sincerado todos los demás, pero, ¿por dónde podía empezar? Esta gente no estaba familiarizada para nada con su mundo, no podía hablarles de cómo sacó a Dean del infierno, del profundo vínculo que les unía, de cómo Dean había despertado todo lo que había latente dentro de él desde hacía milenios, de cómo se rebeló contra todo lo que creía por él, por Dean, del Apocalipsis, de las dos veces que había muerto, del año en el que no se atrevió a molestar a Dean porque quería más que nada que por una vez fuera feliz, de cómo le miró Dean cuando le admitió que le había estado mintiendo pese a que lo hubiera hecho únicamente para protegerle.

De cómo le había querido con todo su ser y no había sido suficiente.

-Lo sacrifiqué todo por Dean – se sorprendió de lo débil que salió su voz -. Y él me dio la espalda porque cree que le he traicionado.

Neal le puso una mano en la rodilla, apretándosela. John le dio una palmada en la espalda. Castiel agradeció que ninguno le preguntara nada ni le pidiera que se explayara más.

-Dean no sabe lo que se pierde – dijo Neal con delicadeza.

-Ninguno lo sabe – añadió Steve.

Volvió a reinar el silencio y Castiel se sintió un poco mal porque notaba cómo el ambiente se había enrarecido después de sus palabras. James también debió darse cuenta. Dio una palmada para captar la atención de todos y anunció:

-Bueno, chicos, esto se está poniendo un poco intenso así que creo que deberíamos dejar la charla por hoy y continuar en otro momento. ¿Qué os parece si para animarnos saco algo de picar? Y de beber, por supuesto.

A todos les pareció una idea estupenda y con eso la charla tocó a su fin.


Un rato después el ambiente estaba mucho más animado. Castiel observaba desde una esquina a los demás, quienes conversaban animadamente entre ellos. Por lo que oía de sus conversaciones, Eliot y Neal estaban hablando de algunos trabajos pasados que les parecían dignos de admiración y cuya autoría desconocían hasta ahora; Steve y Tim hablaban de la Marina de los Estados Unidos y del peculiar jefe de éste último; John y Carlton conversaban sobre trabajo y sobre armas. Parecía que todos habían hecho buenas migas entre ellos.

James, quien se había ausentado unos minutos para hablar por teléfono, le lanzó una mirada al volver a entrar en la sala y cruzó toda la estancia hasta llegar a él.

-Castiel. ¿Estás bien? – le preguntó, preocupado - Parece como si necesitaras urgentemente un abrazo.

Castiel esbozó una pequeña sonrisa.

-Estoy bien – respondió, aunque realmente no, no lo estaba. James se dio cuenta de que mentía.

-Oye, obviamente de todos nosotros el que peor lo está pasando eres tú y me da la sensación de que no estás muy acostumbrado a abrirte a los demás, puede que porque las veces que lo has intentado no has recibido la respuesta que deseabas escuchar – le apretó cariñosamente el brazo -. Por eso te agradezco que hayas hecho el esfuerzo de venir hasta aquí y sincerarte con nosotros. Sólo quería decirte que pase lo que pase, puedes contar conmigo para lo que quieras. Si necesitas hablar, o desahogarte, o lo que sea, no tienes más que llamarme, ¿vale? – le alargó una tarjeta con su número de teléfono -. O vienes a verme, lo que prefieras. Y estoy seguro que de que los demás estarán ahí para ti también si los necesitas.

Castiel se sintió abrumado por un momento ante tal gesto. Él, que había pensado que todo el mundo le había dado la espalda, que estaba completamente solo en el mundo, no sabía muy bien cómo reaccionar ante una muestra tal de amabilidad.

-Gracias – consiguió decir casi en un susurro.

-Para eso estamos – le contestó James con una sonrisa, y tras eso se alejó para ir a hablar con los demás.

Durante el resto de la noche todos los demás se fueron acercando a él para darle conversación, y todos más o menos repitieron lo que había dicho James. Neal, además, le propuso que salieran después a tomar una copa, varios de ellos, pero Castiel declinó la oferta porque no se veía capaz de alargar mucho más la reunión, se sentía exhausto.

Poco antes de finalizar la velada James los reunió a todos una vez más para llevar a cabo ese ritual humano llamado brindis que Dean le había enseñado una vez.

-Chicos, quería daros las gracias a todos una vez más por haber venido y haber hecho esto posible. Espero sinceramente que el habernos conocido os haya ayudado y que la experiencia haya valido la pena.

-Lo ha hecho – confirmó Steve -. Me ha encantado conoceros a todos y si alguno tenéis pensado ir a Hawaii próximamente, no dudéis en llamarme, estaré disponible para lo que necesitéis. Eso sí, no le digáis a mi Danny que he estado en Nueva Jersey sin decirle nada, que me mataría.

-Descuida – dijo Eliot -. Y a tenor de tus palabras, yo propongo que la próxima reunión la organicemos directamente en Hawaii, en la playa. A ser posible, en bañador – le guiñó el ojo a Neal, cuyas mejillas volvieron a teñirse de rojo. Los demás rieron.

-Me parece buena idea – indicó James -. Yo también espero que nos volvamos a reunir en otra ocasión y que mantengamos la amistad que ha empezado a surgir esta noche.

-Amén, hermano – dijo Eliot.

-Os daré a todos mi dirección de correo electrónico para que me localicéis siempre que queráis. Y no olvidéis añadirme a Facebook – apuntó Tim.

-Dejadme añadir algo – terció Neal -. Si finalmente alguno de nosotros consiguiera a su hombre… Sobre todo hacédnoslo saber a los demás, ¿vale? Un poco de esperanza nunca viene mal.

-No lo dudes – aseguró Carlton. John gruñó, Castiel supuso que era para mostrar que estaba de acuerdo.

-Brindemos – concluyó James, levantando su copa -. Por nosotros.

-Por nosotros – corearon los demás, entrechocando las suyas.

Castiel se llevó la copa a los labios y se bebió el champán de un trago. Con el burbujeante sabor haciéndole cosquillas en la garganta, y rodeado de esos siete hombres que tenían más en común con él de lo que habría podido imaginar en un principio, por primera vez en mucho, mucho tiempo, se sintió un poquito menos solo.

FIN
 
 
Current Mood: depresseddepressed
Current Music: Orange Range, "Kizuna"
 
 
 
wesleyoso: hutch_clapswesleyoso on August 4th, 2011 07:42 pm (UTC)
Tia, brilliant!!
Al principio pensé: Se le fue, la hemos perdido!!
Pero me dije: no pone crack por ningún lado..XDDD
Genial, me encantaría que de esta gente saliera alguna pareja!! Me ha gustado mucho y oye, quien sabe, lo mismo esto es un punto de inflexión!!! A lo mejor ahora mejoran todos!! (chuck no, sorry, no lo veo...XDDDD) pero los demás...
en serio, me ha gustado un montón!!!
Hide-fan: [H50] Danny <3 Stevehidefan on August 4th, 2011 08:42 pm (UTC)
Ya, muy bien no estoy xD
Uff yo acepto varias combinaciones entre estos! Y como son pares ninguno quedaría solito xD Me conformo con que alguno quiera darle unos mimillos al pobrecito Cas xD
Bueno creo que de estos los que mejor lo tienen son Wilson y Steve. Casey es el que peor lo tiene, sip.
Gracias, me alegro que te haya gustado :)
lea1-santome: burlea1santome on August 4th, 2011 08:50 pm (UTC)
TE juro que no había caído quien era James, el calor me atonta.

Pues me ha encantado tu reunión de corazones Rotos, y amores no correspondidos.
espero que Castiel ayude a los asistentes.
Hide-fan: [SPN] Cas & Heavenhidefan on August 4th, 2011 09:03 pm (UTC)
Yo espero que sean los demás los que le ayuden a él! Que el pobre es el que peor lo está pasando de largo xD
lea1-santomelea1santome on August 4th, 2011 10:57 pm (UTC)
como es el nuevo Dios podría ayudar pero tiene que buscarse buenos ayudantes.
Hide-fan: [SPN] Cas & Heavenhidefan on August 4th, 2011 11:14 pm (UTC)
Con la depresión que arrastra el pobre no creo que tenga muchas ganas de ayudar a nadie, y más viendo los precedentes de cómo le agradece la gente su ayuda :(